Dainerys Machado, en El estruendo del ciclón, parte de la idea de que la historia de la literatura ―cubana― puede ser contada a través de las revistas literarias ―cubanas también―. Yo no sé si Desmadres puede hacer algo parecido con alguna literatura (puedo dar cuenta de que ninguno de nosotros aspira a tanto), pero sí creo que es parte y se alimenta de un movimiento cultural de época que la excede.

Si bien nuestra revista se asume temporal, eso no quiere decir, en absoluto, que lo que se produce no responda a un contexto, sino que se integra, se separa, lo observa. No intentamos ser revolucionarios, no practicamos la vanguardia ni el sedentarismo. Nos gusta trazar líneas entre todo eso que se produce en y sobre nuestro continente, sabiendo que las escribimos con lápiz y con una goma de borrar al lado.

En estas páginas (que no son pocas pero tampoco suficientes) no van a encontrarse con una literatura cyborg ni con una escrita con inteligencias artificiales. Tampoco van a poder decir “Listo, ya está, comprendo a la perfección qué es lo latinoamericano”. Sí van a tener un diario, cuentos, entrevistas, ensayos, discusiones. Van a leer sobre literatura infantil y juvenil, sobre la traducción, sobre el guaraní, sobre qué es ser disruptivo en la literatura. Van a leer a traductores, escritores, periodistas, académicos, libreros, editores, docentes, organizadoras de festivales, un teatrólogo, una productora, un médico, una química, un guionista de radio, una collagista y un matemático. Y todo eso desde Argentina, Brasil, Chile, Croacia, Estados Unidos, Guatemala, México, Noruega, Perú, Bolivia, Uruguay, Venezuela, Alemania, Puerto Rico y Cuba.

Por eso, es importante dar cuenta de que Desmadres nació como una revista, y tardó menos de dos años en salirse de esos márgenes. Esta edición en papel, que replica contenido disponible en nuestra web, se presenta y distribuye por primera vez en un festival homónimo. Desmadres, a partir de ahora, es ―y será― un festival, una sala de escape, una serie de premios, un congreso, un podcast, un juego de mesa, una serie de acciones de promoción de la cultura, una muestra de arte. Desmadres se desmadra, crece, sale de su cálido y cómodo hogar de una revista virtual para instalarse en lo incómodo de las multitudes y los espacios urbanos.
No abandonamos el nombre, no abandonamos la forma, no abandonamos el deseo que nos motoriza. Y, menos que menos, eso que nos constituye y que, paradójicamente, no sabemos definir: ser latinoamericanos.

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